Historieta y Cultura Popular

Miércoles 12/10 - 21 hs - Auditorio Sede Ramos Mejía

Panelistas:
Caloi
Sasturain
Creador y director de la Revista Fierro

Décadas anteriores a que la invasión del comic (norte)americano de superhéroes y el posterior desembarco del manga japonés hicieran que el leer historietas fuera “cool”, al tiempo que se le daba el tiro de gracia a la alicaída industria editorial argentina donde solo Cazador subsistía exitosamente quizás como paradigmático ejemplo de la producción cultural durante la era menemista, existió en nuestro país un consumo de historietas cuya masividad podría producir asombro en el actual contexto en el que la gran mayoría de los sectores populares apenas aspiran a la cobertura de necesidades básicas y el espectro de los consumos culturales parece restricto a la “gratuidad” del menú exhibido por los medios electrónicos.Durante este periodo el 9º arte, ya sea en su vertiente de historieta o de humor grafico, supo, quizás como ningún otro genero ficcional de consumo masivo, retratar la idiosincrasia argentina. Desde las historias de aventura de Robin Wood hasta Mafalda, entrañables personajes forjados en tinta y papel testificaron el ascenso y la tragedia del País. Si El Eternauta, la epopeya de Juan Salvo, denunciaba la crueldad de los países del norte que entregaban a los subdesarrollados a las fauces del invasor alíen, al tiempo que interpelaba al lector desde una renovadora concepción de la épica ya no en clave paternalista sino en la forma de un heroísmo que era tal, en tanto que instaba a un protagonismo colectivo, poniendo a la vez la aventura en un entorno geográfico cotidiano y reconocible tal vez como afirmación de que los sucesos trascendentes también podían generarse a nuestro lado. Desde el humor grafico Clemente por su parte, nacido en años de esperanza -el fin del Lanussismo, el triunfo popular, el gobierno constitucional, la experiencia democrática, el consumo, la riqueza mejor repartida-, arrastrará consigo, mas allá del golpe y la dictadura, la mística feliz de la gente en esos tres años previos, tumultuosos pero propios, frente a la sobriedad que la dictadura exigía para los festejos del cruento mundial del 78 en donde se llego incluso a prohibir el festejo en la cancha para demostrarle al resto del mundo que los argentinos éramos tan civilizados como derechos y humanos, Clemente arengaba con un subversivo “ ¡tire, tire papelitos!” que lo convertiría, lejos de ese gauchito escuálido que pretendió instalar la reacción, en la mascota de la gente... Entrados los 80s desde la publicación de la revista “Fierro” (y bajo el sugestivo subtitulo de “historietas para sobrevivientes” ) la narrativa grafica argentina, entre la esperanza y el desengaño, expreso una vitalidad abrumadora que se canalizo en una fastuosa experiencia en la que convivirían el testimonio descarnado, el erotismo, el grotesco, la sensualidad, la ironía y el absurdo, haciendo estallar todas las barreras que el verosímil de genero (y por ende el verosímil social) pudiera asumir en la el renovado intento de experiencia democrática, que con el “Perramus” encontraba el corolario a una búsqueda estética plagada de interrogantes respecto al pasado próximo que para muchos se daría por zanjado con la ley de obediencia debida. ¿Cómo ha sido el derrotero de un 9º arte que en nuestro caso ha llegado incluso a mancharse con sangre? ¿Cuáles son los desafíos para los nuevos creadores que en medio de un mundo cada día mas globalizado aun apuestan a narrar la vivencia de lo particular, de aquello que aparece demasiado local como para plantearse como “publicable”? Hoy más que nunca, en una era en la que la historieta es apenas un apéndice subsidiario de otros consumos (series animadas, videojuegos, juguetes, etc) que la industria cultural impone banalizando todo desde su estrategia de conversión en “entertainiment” bajo un brutal apoyo del merchandising y otras estrategias de marketing, se nos ocurre imprescindible recuperar esa riquísima tradición narrativa que supo distinguirnos en el mundo (incluso haciendo que el propio Salo del comic de “Barcelona” contara con un departamento exclusivamente dedicado a los autores argentinos) a la vez que nos proponía una experiencia autorreferencial en la que latían al calor de los procesos históricos, el reflejo de nuestras vicisitudes populares, nuestras tragedias y nuestros mas íntimos anhelos.

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